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viernes, 28 de agosto de 2026

¿Qué piensa un marido cornudo cuando ve a su mujer coqueteando con otro?

¿QUÉ PIENSA UN MARIDO CORNUDO CUANDO VE A SU MUJER COQUETEANDO CON OTRO? 

Es muy probable que los maridos tradicionales se enfaden al ver a su esposa receptiva cuando un hombre está coqueteando con ella. Pero ¿qué siente un marido de una pareja cornuda cuando ve que un hombre coquetea con su esposa? Veamos lo que nos cuentan varios maridos cornudos.

En primer lugar, si un hombre está coqueteando con mi esposa, les doy suficiente espacio para permitir que fluya el proceso de coqueteo. Tengo muchos pensamientos cuando los hombres están coqueteando con mi mujer: espero que ella encuentre atractivo al hombre que se le ha acercado; quiero que al hombre le vaya bien coqueteando con ella; me pregunto si está bien dotado y sabe cómo usarlo; espero que el hombre tenga éxito en conseguir el número de teléfono de mi esposa; espero que el hombre prefiera salir y tener sexo con una mujer casada. Si el hombre es negro, eso es una ventaja adicional porque mi mujer rubia tiene preferencia por los hombres negros. Después de años de este estilo de vida, todavía amo la emoción de ver a los hombres que intentan ligar con ella. Si mi esposa se siente atraída por el hombre, me gusta mucho ver su lenguaje corporal, las expresiones faciales y en general el comportamiento coqueto y juguetón.

¡Disfruto viéndola hacer su magia! Y me imagino vívidamente como se pueden desarrollar las cosas, incluso si no van muy lejos por ese camino juntos. Eso es porque la he visto besar, lamer, chupar y follar a otros chicos y sé a dónde puede llegar en su coqueteo.

Para mí es una excitación. Si él está coqueteando con ella, probablemente yo tenga el sexo en mente y sé que lo más probable es que ella le haga una mamada si le cae bien y acepte su coqueteo. Esa es su forma de estrechar la mano cuando conoce a un hombre nuevo.

Me gusta mucho ver coquetear a mi esposa, sobre todo en la playa. Recuerdo una ocasión en que venía hacia mí, en una playa nudista, para vestirnos e irnos al hotel, cuando un joven inició una conversación con mi mujer desnuda. Mi esposa fue bastante receptiva con este hombre que tenía un cuerpo fuerte y musculoso con una polla y unas bolas muy aceptables. Mi mujer empezó a coquetear con él y estaban lo suficientemente cerca de mí como para poder escuchar fácilmente su conversación, que incluyó una buena cantidad de halagos mutuos sobre la belleza de su cuerpo. El chico nunca le preguntó nada sobre su marido, aunque ella llevaba el anillo de bodas, ni ella le dijo nada sobre que su marido estaba sentado cerca de ellos. Sin embargo, el chico le estaba diciendo lo sexy que la veía, y ella dejó caer que era madre de dos hijos, pero el flirteo continúo y se les veía como una pareja que liga entre sí. Entonces vi como este joven tenía una buena erección. Mi mujer también lo vio, y no fue nada tímida al mirar hacia abajo y comprobar como crecía. Él le pidió a mi esposa que se reunieran para tomar una copa y cenar en el restaurante del hotel frente al mar en el que se hospedaba, mi esposa sin dudarlo aceptó su invitación. Se abrazaron y besaron y luego se fue. Cuando el chico estaba lo suficientemente lejos, mi mujer se acercó a mí. Inmediatamente bromeé con ella sobre la obvia erección del chico. Mi esposa y yo estábamos sexualmente emocionados de que ella tuviera una cita para más tarde en el día. Cuando llegamos a la habitación del hotel, ella me recompensó con una mamada de alta energía por ser un gran marido comprensivo y complaciente.

Independientemente del entorno, si otro hombre coquetea con mi mujer y veo que ellos sacan sus teléfonos y se están dando sus números, ya lo considero un éxito erótico y sexual para mí y para mi esposa.

Si no pasa nada esa noche, me gusta que mi mujer me hable de él en el camino a casa y me diga qué es lo que le encontró atractivo y sexy. Pienso en cómo probablemente se mojará sus bragas. Cuando llegamos a casa, ruego que me permita darle placer oralmente. Me encanta cómo sabe ahí abajo, después de que un chico la haya hecho excitarse mucho.

Pero el coqueteo de una mujer que está en un club con su novio o marido, no solo gusta a estos, sino que también suele gustar al hombre que empieza a coquetear con ella y que, en numerosas ocasiones, termina entre sus piernas. Este es el testimonio de uno de esos hombres.


Hay parejas con las que enseguida me doy cuenta de que pueden ser, o son, una pareja cornuda. Hay parejas a las que me arrimo y, de forma que parezca accidental, me pongo a hablar con ellos. Muchas veces la mujer se relaciona conmigo, sonriendo y riendo mientras hablamos y su novio o marido se sienta en silencio, o se queda parado mirando al piso sin decir nada, o hace viajes al baño de hombres y tarda bastante en volver. Sé que ella se está excitando con nuestra conversación en tono pícaro y coqueta, y seguro que su marido también estará excitándose, ya que, de lo contrario, estaría poniendo excusas para marcharse o simplemente se irían bruscamente. Yo disfruto con este juego y a veces lo tomo como un desafío para intentar llevármela a la cama o que me haga una buena mamada o nos demos un buen sobo. Con este pícaro coqueteo sé que en realidad los estoy excitando y seduciendo a ambos, al marido y a la mujer. Decir ciertas cosas en nuestra conversación e incluso involucrar al esposo puede decirme hasta dónde puedo llegar. En ocasiones son los propios maridos los que me dicen que si quiero me puedo ir a la cama con su mujer, pero con la condición de que estén mirando mientras follamos.

En ocasiones me he preguntado si el resto de las personas que están en el local se dan cuenta de lo que está sucediendo con esa pareja mientras yo estoy coqueteando y flirteando con la mujer.

Por las noches, todo el mundo se viste sexy, mi mujer también, pero ella le añade un aliciente más: no lleva ropa interior.

En una de esas noches en que estábamos en un club me dice: "Ese hombre de ahí me mira mucho y se debe estar preguntando si acercarse o no. Después de unos minutos se acercó a nuestra mesa para iniciar una conversación. Mi esposa le ofreció una copa. Evidentemente, él le agradaba. Me preguntó cortésmente si podía bailar con ella. Iba a responderle que le preguntase a ella, no a mí, pero antes mi mujer le dijo que sí. Vi como en la pista de baile se dieron unos buenos restregones, tanto por delante como por detrás. Media hora después, regresaron.

Continuamos nuestra conversación mientras él acariciaba con cuidado su coño debajo de su falda. Yo creo que nadie los veía, solo yo podía hacerlo, pero la verdad es que no me importaba que alguien pudiese ve como otro hombre le tocaba entre las piernas. Típico de mi esposa, abrió un poco más las piernas para él y clavó sus ojos en los míos. Su sonrisa me dijo que disfrutaba de ambos: burlarse de mí mientras un extraño la tocaba y hacer que me excitase más todavía.

Cuando terminó su bebida, nos expresó su alegría y satisfacción por haber pasado un rato tan agradable con nosotros y se disculpó por tener que irse para hacer su trabajo. Pero antes nos dio su número de teléfono y mi mujer le dio el suyo.




miércoles, 29 de julio de 2026

EN LOS CUERNOS NO HAY BESOS EN EXCLUSIVA

 

EN LOS CUERNOS NO HAY BESOS EN

 EXCLUSIVA


Cuando planeábamos aventuramos en estos atrevidos juegos cornudos, una pregunta surgió de ella. ¿Con o sin besos? Sin, mi amor, había respondido yo entonces. La falta de confianza total en mi mujer y el deseo de guardar algo para mí que iba a ser lo único que poseía en exclusiva me habían hecho responder así.



Tú tienes carta blanca para hacer lo que quieras con otros hombres, excepto el beso, porque el beso es Amor y eso es sólo para mí le contesté yo.

Pero incluso antes de nuestra primera experiencia, interiormente había cambiado de opinión. Cuando pienso en ello, entonces, siento el mismo nudo en el estómago, el mismo deseo de decir que no, no a los besos. ¿Pero no le había vendido esto a mi esposa por su placer, que su placer era mío? Y, sobre todo, una cosa rápidamente se hizo evidente. Estas relaciones tenían que ser lo más naturales posible.

Desde el momento en que el primer hombre con el que iba a follar, se acercó con su pequeña sonrisa, supe que iba a besarla. Después de elogiar su atuendo, después de tomarla por la cintura o acariciarla los muslos, la besó apasionadamente como señal de partida de que le pertenecía a partir de ese momento...


Todo lo que tenía que hacer era ver a mi esposa besarle a su vez, con ganas de darle su aprobación... ¡En el momento final, en su orgasmo él disfrutó de ella y ella de él, mientras se besaban... sus besos me excitaron más que cualquier otra cosa!

Personalmente estoy aún más excitado, emocionado y atormentado cuando otro hombre besa a mi pareja y ella abre la boca para recibir su lengua con abandono, que cuando están jodiendo.... hay un poder emocional, erótico en el beso, que es único...

Cuando follan en posición del misionero y el disfruta de ella, y ella también grita de placer, sus ojos derretidos en los suyos y sus bocas se funden entre sí apasionadamente... ¡¡¡es la explosión!!!

Me encanta ver a mi esposa besar con pasión a su amante.


Cuando un hombre quiere besarme y voy a follar con él, lo acepto, y le beso adecuadamente, porque siempre me ha parecido un poco ridículo estar jodiendo o dándome por culo o tocándome por el coño y las tetas, y luego hacer la boca fina en nombre de supuestas razones de exclusividad oral.


Pero en el juego de pareja cornuda mis besos no son "automáticos". Para los amantes con los que me veo con regularidad hay casi sentimiento. Les beso, porque les considero como mis hombres, con deleite.
Y para mi marido, cuando está presente, la deliciosa sensación de celos que siente se hace muchísimo mayor, me dice.

En resumen, para mi marido y para mí, el mundo de los cuernos no rima sólo con el sexo, sino también con besos.






domingo, 28 de junio de 2026

lunes, 27 de abril de 2026

HUMILLADO Y VOYEUR

 HUMILLADO Y VOYEUR

        En la literatura sobre las parejas cornudas es muy frecuente encontrar alusiones a que el marido se siente inferior al amante de su mujer, lo cual es relativamente lógico, ya que si ella lo ha elegido es por ser mejor en algo: mayor estatus social, poder económico, influencia, atractivo físico, forma de comportarse en la cama, etc. Y que este hombre superior desee a su esposa, valida su propio valor. Es una lógica de: "Si un hombre tan importante quiere lo que es mío, entonces lo que yo tengo es de un gran valor".

        Para algunos hombres, la idea de ser "superado" o desplazado por alguien con más poder social genera una respuesta que está ligada, de una manera más o menos clara, con la sumisión. El sentimiento de inferioridad frente al "macho alfa" con el que folla nuestra mujer, se convierte en un motor erótico.

         Existe un componente de orgullo indirecto en el marido, ya que en muchas ocasiones disfruta de la idea de que su círculo íntimo sepa, o sospeche, que su mujer tiene un novio o un amante. La transgresión de las normas sociales, el posible escándalo familiar, el peligro de que lo sepan en círculos que no conviene que lo conozcan, etc. añade un nivel de intensidad emocional que puede hacer que esta experiencia sea bastante satisfactoria. No se trata solo de sexo, sino que hay que añadir cómo la presencia del amante altera la jerarquía de poder en la relación de la pareja, transformando la inseguridad o la pérdida de control en una fuente de estimulación psicológica.

        Hay casos en que, si el marido es un hombre con mucha responsabilidad de autoridad en su vida diaria, el someterse es una forma de liberación del estrés y de la presión social de ser siempre un "hombre importante".

         Resumiendo: El marido siente placer al ver que su mujer es deseada por otros. Es una forma de validar su propio gusto: "Ella es tan atractiva que otros la quieren, pero al final es mi mujer". Pero a su vez eso hace que tenga un sentimiento de inferioridad.

        En el mundo de las parejas cornudas es muy frecuente que se den los dos aspectos en un mismo hombre, ya que ambos se mezclan y se alimenten entre sí. No son excluyentes, sino que suelen ser dos caras de la misma moneda.

        El marido puede sentir una excitación visual intensa al ver a su mujer follando y disfrutando mucho con otro, y esa misma imagen es la que le hace sentir "pequeño" o "superado" en comparación con el amante, pues él tiene la polla más pequeña, no sabe moverse tan bien como él, no es tan atractivo, etc. La combinación de ver el placer de ella y su propia vulnerabilidad crea un "cóctel" hormonal muy fuerte.

        Muchos hombres disfrutan de la idea de que su mujer folle con alguien que ellos perciben como más fuerte, mejor dotado o más dominante. Verlo les excita, y sentirse inferiores en ese momento valida esa fantasía de poder.

        En en la mayoría de los casos de este tipo de relacionesla excitación visual (verla) y la excitación psicológica (sentirse inferior) van de la mano, potenciándose mutuamente para generar una experiencia sexual muy intensa para el marido cornudo.

        Teniendo presente todo lo dicho hasta ahora, se entienden perfectamente todos los actos de humillación a los que se somete el marido cornudo, tanto por parte de su mujer, como del amante con el que folla. El marido chupa la polla del amante en un acto de sumisión y reconocimiento de la superioridad de él, a la vez que la pone más tiesa y dura y así su esposa disfruta más. Todas las humillaciones verbales que pueden hacer la esposa y el amante, responden al mismo esquema.

martes, 7 de abril de 2026

SI LA VEO SE ME EMPINA


        A mi mujer y a mí nos gusta ir a playas o piscinas en las que los asistentes practican el nudismo en mayor o menor escala, y en las que los bañistas “vestidos” utilizan bañadores o bikinis que dejan muy poco lugar a la imaginación. En estos lugares mi mujer puede lucir su magnífico cuerpazo con toda naturalidad. De vez en cuando me levanto y voy a un chiringuito, o a bañarme, y la dejo sola. No es raro que cuando vuelva vea que mi puesto está ocupado por otro hombre que conversa con ella.


Normalmente este hombre no solo está hablando, sino que su polla está tiesa, pero que bien tiesa. Mi mujer ve con agrado esa erección y suele mirar la polla con descaro, nada de hacerlo con disimulo. Cuando me encuentro con situaciones como esta, no me acerco ni interrumpo la charla, sino que procuro situarme a una distancia tal que pueda observar y escuchar, pero no interferir.

Cuando veo a mi mujer coqueteando y charlando con otro hombre me excito mucho. Mi polla también se pone tiesa.

Esto puede ser debido a un mecanismo evolutivo instintivo, lo que se llama Competencia del Esperma. A nivel biológico, ver a otro hombre que está en disposición de follar con mi pareja puede disparar una respuesta de "alerta" que se traduce en un aumento masivo de mi testosterona y, a menudo, una erección más potente. De esta manera yo también estoy listo para follar con ella y "asegurar" mi propia descendencia frente a la posible descendencia del otro competidor. Biológicamente, el cuerpo intenta producir una eyaculación con mayor cantidad y calidad de espermatozoides para "competir" y desplazar al rival.

Pero esta situación, que es una mezcla de celos, inseguridad, enfado y confusión, también tiene un componente de excitación y placer, por ver como otro macho desea a mi mujer y como hay una posibilidad de que folle con ella.

Hay que dejar muy claro el límite entre la fantasía y la acción. Yo me excito viéndola, y ella parece disfrutar mirando. Pero, ¿qué pasa si el otro hombre intenta tocarla? Si yo espero que ella solo coquetee para que yo me excite, pero ella interpreta que tiene "luz verde" para ir más allá, se rompe el juego. El problema está en definir claramente si todo va a quedar en una exhibición meramente visual o si puede llegar a ser el preludio de una relación sexual. Hay que asegurarse que ella entiende que su coqueteo es un "afrodisíaco" para nuestra relación íntima posterior. Si ella vuelve del chiringuito y yo estoy enfadado en lugar de excitado, o si ella se siente culpable en lugar de empoderada, el mecanismo se rompe. Como pareja necesitamos confirmar que ambos vemos el coqueteo como un regalo para la pareja, no como una escapada individual.

¿Ella sabe que yo estoy mirando y que eso me pone? Si ella lo sabe, está actuando para mi (es un juego de tres con complicidad). Si ella NO lo sabe, ella está viviendo su propia aventura y yo, su marido, soy un espectador externo. La diferencia es abismal: en el primer caso hay conexión, en el segundo hay distanciamiento.

En esos momentos de coqueteo siento una mezcla de "celos, inseguridad, enfado y confusión". Eso es normal, pero es fuego. El dilema no es si mi reacción es natural (que lo es, por pura biología), sino cómo integro esa conducta en nuestro contrato de pareja.

Para que no sea un conflicto, ella debe saber que su "descaro" al mirar la polla del otro me hace desearla más, no menos. Si ambos estamos en la misma página, esa competencia espermática se convierte en una herramienta de unión increíblemente potente. Si no, corremos el riesgo de que la "alarma biológica" se convierta en una herida emocional. 


EN UNA PLAYA NUDISTA

  EN UNA PLAYA NUDISTA Un seguidor del blog nos escribe y nos cuenta lo siguiente: Mi mujer y yo nos vamos a la playa. Nos gusta ir...